Gerardo Molina. Profesor de Idioma Español. Escritor uruguayo.

e-mail: gerardomolinacastrillo@gmail.com

Primeros Recuerdos
     Aprendimos a querer a Francia casi de niños, cuando vivábamos la caída de Berlín, en una procesión pagana por las calles del pueblo y los nombres de Francia y de París nos sonaban aún como algo lejano pero misterioso y mágico. Luego, en plena adolescencia, el descubrimiento y estudio de su lengua (cuatro años de trascendente aprendizaje con el inefable Prof. Monsieur Gabriel Saad en el Liceo “Tomás Berreta”); de su historia (la Revolución Francesa, ¡le 14 Juillet!) y de su arte: pintura (los impresionistas Monet, Renoir) y literatura (Hugo, Verlaine, Lamartine, Balzac…). Y nuestro primer poema en francés (¡qué osadía!), donde, entre otras cosas, decíamos:

Je rêve toujours, dans mon coeur, d’aller a Paris.
………………………………….
Un certain souvenir
me parle quelquefois
des mousquetaires
de la cour du roi,
dont les aventures
quand j’étais petit
donnèrent des ailes
a ma fantaisie.
(C’étaient, en lisant Dumas:
Athos, D’Artagnan, Porthos et Aramis).
………………………………
Puisque je te rêve, Paris, je t’écris
ces humbles mots, qui n’ont pas de rhétorique.
Dieu ne voudra pas
que je finisse ma vie
sans te voir, Paris.
Dic./ 1960

 

Yo sueño siempre, en mi corazón, ir a París

…………………………….

Un cierto recuerdo

Me habla algunas veces

De los mosqueteros

De la corte del rey,

Cuyas aventuras

Cuando era pequeño

Le daban alas

A mi fantasía.

(Eran, leyendo a Dumas
Athos, D’Artagnan, Porthos y Aramis).
………………………………
Puesto que te sueño, París, yo te escribo
Estas humildes palabras, que no tienen retórica.
Dios no querrá
Que yo termine mi vida
Sin verte, París.

Francia eterna
Con motivo del Bicentenario de la Revolución Francesa, el 14 de julio de 1989, El País editó un Suplemento Especial. Allí, Enrique Beltrán en su trabajo “Francia Eterna” señala: “…Si fue voladura de la añeja represa aquel episodio (Toma de La Bastilla) –más allá de su significado inmediato- se trasmutó por encima de todo, en la imagen universalizada del ansia de libertad, erigida victoriosa sobre la llaga tantas veces renovada del despotismo, así como del despertar de los pueblos para hacerse dueños de su propio destino…
En los dos siglos que transcurrieron desde aquel 14 de Julio, muchos fueron los avatares en el andar de la gran nación, largos y con frecuencia ensangrentados, los meandros de su curso… Pero más allá del azaroso camino, de las victorias y derrotas que en él se asoman, esa dimensión universal del espíritu de Francia siguió encendiendo en los más diversos pueblos la conciencia de su soberanía; y en los hombres, la conciencia de sus derechos y de su libertad”.
En julio de 1909, Anatole France llegaba a Montevideo, por entonces centro de una pléyade insuperable: José Enrique Rodó, Delmira Agustini, Julio Herrera y Reissig, Florencio Sánchez, Carlos Vaz Ferreira… En el homenaje que se le realizó, el autor de “Ariel”, en célebre discurso, expresó: “Maestro: representáis entre nosotros la patria universal del pensamiento y del arte, pero representáis también una patria más concreta y definida: representáis el espíritu de Francia. Acaso no imagináis toda la vibración de amor y de entusiasmo que ese nombre despierta en nuestra mente y en nuestro corazón. Cuando se habla de Francia, no podemos hablar como extranjeros. En el raudal de sus ideas hemos abrevado, de preferencia, nuestro espíritu; con los ejemplos de su historia hemos retemplado constantemente nuestra admiración de heroísmo y nuestra pasión por la libertad. Nos hemos habituado –con justicia, sin duda- a representar en su nombre cuánto hay de más noble en la criatura humana; la claridad de la razón, el sentimiento del derecho, la belleza del arte, la generosidad del sacrificio. Vemos en ella la suprema florescencia de esta alma latina que vela, en los siglos, sobre el mundo, para mantener, sobre los desbordes de la fuerza y sobre los incentivos de la utilidad, la enseña augusta del ideal desinteresado. En nuestro culto de la historia, en nuestra figuración del porvenir, en lo mejor de nuestro pensamiento, en lo más íntimo de nuestro corazón, vive y alienta el alma de Francia…” (Citado por José E. Etcheverry en su artículo “Francia en nuestra Literatura”).

Il pleut sur Paris

Il pleut sur Paris.

C’ est un tendre mirage,

Une lente chanson

Cet automne.

Un peu de nostalgie

(Est-ce les feuilles qui tombent?)

Se dilue dans tes rues.

Mais, toi, Paris,

Tu as porté á mon coeur

Le soleil.

Llueve sobre París.

Es un tierno espejismo,

Una lenta canción

Este otoño.

Un poco de nostalgia

(¿Son las hojas que caen?)

Se diluye en tus calles.

Pero, tú, París,

Tú has puesto en mi corazón

El sol.

Paris, l8 de diciembre de 1998

Les dernières feuilles

Les dernières feuilles

Tombent sans pitié

Comme des rêves qu’on oublie

Dans les parcs endormis.

Paris, 18/XII/1998.

Las últimas hojas

Caen sin piedad

Como sueños que se olvidan

En los parques dormidos.

Femmes de Paris

Le charme de tes femmes, Paris,

Pour les jours,

Pour les nuits,

L’air enamoure.

Elles surgissent du mystère,

De l’ombre de la forêt,

De l’abeiller de la cité

Et de l’azur du ciel.

Mais, si elles vous regardent

Vous êtes perdues…

Rouge de passion,

Pâle des amours

Et bleu des rêves:

Voilà leur coeur.

El encanto de tus mujeres, París,

Por los días,

Por las noches,

Enamoran el aire.

Ellas surgen del misterio,

De la sombra de los bosques,

Del abejear de la ciudad

Y del azul del cielo.

Pero, si ellas os miran

Estáis perdidos.

Rojo de pasión,

Pálido de amores

Y azul de sueños

He ahí su corazón.

París, 18 de diciembre de 1998.

Las mágicas palabras 

Aquí, de pie,

Sobre la fortificación última de la Bastilla,

Convoco tus fantasmas libertarios

Y un viento de banderas

Acaricia mi frente.

Mientras, mi voz se une

A la tríada genial:

Liberté, Egalité, Fraternité.

 

Hoy la prisa y el vértigo,

París, te cercan insaciables…

Sólo yo, aquí,

Inmerso en el misterio

Siento que vuelve el fragor de la batalla

En lejanísimos ecos invencibles.

Y en un viaje sonámbulo

Me arrastra sorprendente

-Tras tus mágicas palabras redentoras-

Un viento de banderas.

 

Aquí, de pie,

Sobre la fortificación última de la Bastilla:

Liberté, Egalité, Fraternité.

Paris, 13 de diciembre de 1998.

 

Era otoño en París

Era Otoño en París y nos amábamos

Con un amor maduro hecho de sueños jóvenes

(En otro lar del mundo tuvimos veinte años

Y te amamos, París, sin conocerte).

 

Era Otoño en París y nos amábamos:

Ventana abierta al cielo y las estrellas

Y por los bulevares

Un trashumante breviario amarillento

(Ayer de hojas airosas, pétalos ruborosos

Y asombradas corolas).

 

Pentagrama que al viento dibujó su armonía

Fue nuestro amor maduro hecho de sueños jóvenes,

Era Otoño en París y nos amábamos.

 

La dicha nos tocaba sin saber, sin pensarlo

Y una lluvia sutil sobre nuestras cabezas

Desleía su canto que atravesó los siglos

Para decirle al mundo que el amor es eterno;

Versátil y mudable, igual y diferente,

Pero siempre el Amor

Eterno y solo.

 

Despertamos los sueños en tus calles dormidas,

Tus azules fantasmas, tu misterio más hondo.

Y ensoñando mis versos junto al Sena,

París, la mariposa de tu nombre

Bordé en mi corazón.

 

Gerardo Molina. Profesor de Idioma Español. Escritor uruguayo.

e-mail: gerardomolinacastrillo@gmail.com